“No quites de mi boca en ningún tiempo la palabra de verdad, porque en tus juicios espero. Guardaré tu ley siempre, para siempre y eternamente.” Salmos 119:43-44
Ay las mentiras…una lucha constante de toda la vida y de toda la humanidad. En algunos más y en algunos menos pero mentir aunque sea lo mínimo es costumbre del hombre, hay varias definiciones de mentir, pero me han impactado dos; la primera de ellas según el diccionario de la real academia española de la lengua dice que mentir es decir lo contrario de lo que se sabe. Esta digamos es una definición obvia y muy directa. Pero la definición que me impresionó es: “falsificar algo” en otras palabras que decir o hacer algo que parezca verdad pero que no lo sea.
Mentir es alterar la verdad. Cuando mientes no precisamente quiere decir que dices algo 100% contrario a lo que sabes, sino también es alterar la verdad para que parezca verdad pero que sea una mentira.
Aún puedes alterar la Palabra de Dios. Eva lo hizo, en Génesis 2:17 Dios les dice: “mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” y vemos que Eva cuando está con la serpiente altera esa verdad y dice en Génesis 3:3 “…pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: no comeréis de él ni le tocaréis.” Eva le aumentó a lo que se le dijo. Dios le había dicho que no lo comieran, pero ella dijo que no lo comieran ni lo tocaran. Eso es mentir.
Una forma de luchar frontalmente contra el hábito de decir mentiras en tener en nuestra boca la palabra de verdad, que no es otra cosa que la Palabra de Dios. Tenemos que hacernos que hábito de hablar una y otra vez lo que conocemos de la Biblia, por eso es muy bueno memorizarla. Y que todo el tiempo esa verdad esté continuamente fluyendo por nuestros labios.
Una técnica muy sencilla de memorizar versículos se encuentra en memorización bíblica de este blog. Te recomiendo que lo hagas. El fruto es tangible.
Hemos dicho que para efectos de estudio de este salmo las palabras juicios, ley, decretos, mandamientos, etc., hacen alusión directa a Su Palabra, por lo que cuando dice David en este versículo que estamos estudiando “porque en tus juicios espero. Guardaré tu ley siempre, para siempre y eternamente.” David esperaba en la Palabra de Dios. David sabía que todas las promesas que Dios tenía para él y que estaban escritas en Su Palabra llegarían a cumplirse…simplemente porque eran verdad. Él lo sabía y en eso esperaba. Por eso no le importaba el tiempo que pasara David guardaría Su Palabra por siempre.
Al igual que a David, Dios ha hecho promesas para ti y para mi y son verdad. Te invito a que te aferres a esa Palabra de Verdad toda tu vida, es la única que te mantendrá fuerte, que te mantendrá a salvo, que te sostendrá en tiempos difíciles, Su Palabra es la única que te revelará la intensa motivación de Dios de mostrar Su amor para ti.
Armando Carrasco Z.
Un espacio para conocer más de la Biblia. Conocer todo aquello en lo que la Biblia puede ayudarnos. Conocer al Autor de la Biblia y entender que realmente es un "instructivo" o "manual" para que el hombre pueda llevar una vida plena y estable.
jueves, 12 de junio de 2008
lunes, 26 de mayo de 2008
Salmo 119 Vau (Parte 21)
“Venga a mi tu misericordia, oh Jehová; tu salvación, conforme a tu dicho. Y daré por respuesta a mi avergonzador, que en tu palabra he confiado” Salmos 119:41-42
Las misericordias de Dios son dinámicas, nunca han sido ni serán estáticas. Es una virtud divina que se mueve y que nos alcanza. Dice la misma Palabra que sus misericordias son nuevas cada mañana. Si no fuera así, nadie de nosotros ni un solo ser en la tierra estaría vivo.
David en este salmo nos da a entender que no es algo que él por sus acciones puede alcanzar, mas bien él espera con todo su corazón que la misericordia lo alcance. Que llegue a su vida. Nuestras acciones provocan resultados en nuestra vida incluyendo una reprensión divina por algo que hacemos equivocado. Pues aún en esas amorosas reprensiones de Dios vienen envueltas en misericordia. De otra manera no podríamos estar de pie ante un Dios santo y perfecto.
En alguna ocasión leí que gracia es recibir un regalo que no merecemos y misericordia es no recibir el castigo que merecemos. Me gusta esta definición y siempre que la medito me hace reparar en lo incomprensible del amor de Dios para nuestras vidas. Que nos ama con hechos contundentes no solo con palabras bonita, Dios no escribe un poema de amor con palabras, lo conjuga con hechos.
Pero también me hace pensar mucho la parte de este versículo que dice que David espera la salvación de Dios que Dios mismo le había dicho y que se volvió en una promesa de la que David se aferró con todas sus fuerzas. “Venga a mi tu misericordia, oh Jehová; tu salvación, conforme a tu dicho.” David pedía con todas sus fuerzas que la salvación de Dios llegara a su vida.
Y dice después algo impresionante; “Y daré por respuesta a mi avergonzador, que en tu palabra he confiado.” Él sabía que había un avergonzador sea humano o no que lo acechaba condenándolo, humillándolo, y tratando de sacar a la luz los errores graves de David. Donde lo único que quería ese personaje, era avergonzarlo. Creía tener la oportunidad para poder exponer públicamente los errores del rey David. Pero él confió en la Palabra de Dios y se aferró a ella. David no se escondió de sus errores ya aceptó la reprensión divina…pero también sabía que había un avergonzador que quería destruirlo. Podía identificar perfectamente la diferencia entre la reprensión amorosa de Dios cuyo fruto es el crecimiento y la humillación pública del avergonzador cuyo propósito no es otro que el de destruir. Y es allí donde David supo aferrarse a la Palabra de Dios y esperar la salvación y la misericordia divinas.
Creo que lo mismo podemos hacer nosotros, porque ninguno somos perfectos y sabemos que hay un avergonzador que quiere destruirnos, pero debemos estar seguro que hay un Dios que nos promete guardarnos y de allí no debemos movernos y debemos aferrarnos a esa promesa con todo el corazón.
Armando Carrasco Z.
Las misericordias de Dios son dinámicas, nunca han sido ni serán estáticas. Es una virtud divina que se mueve y que nos alcanza. Dice la misma Palabra que sus misericordias son nuevas cada mañana. Si no fuera así, nadie de nosotros ni un solo ser en la tierra estaría vivo.
David en este salmo nos da a entender que no es algo que él por sus acciones puede alcanzar, mas bien él espera con todo su corazón que la misericordia lo alcance. Que llegue a su vida. Nuestras acciones provocan resultados en nuestra vida incluyendo una reprensión divina por algo que hacemos equivocado. Pues aún en esas amorosas reprensiones de Dios vienen envueltas en misericordia. De otra manera no podríamos estar de pie ante un Dios santo y perfecto.
En alguna ocasión leí que gracia es recibir un regalo que no merecemos y misericordia es no recibir el castigo que merecemos. Me gusta esta definición y siempre que la medito me hace reparar en lo incomprensible del amor de Dios para nuestras vidas. Que nos ama con hechos contundentes no solo con palabras bonita, Dios no escribe un poema de amor con palabras, lo conjuga con hechos.
Pero también me hace pensar mucho la parte de este versículo que dice que David espera la salvación de Dios que Dios mismo le había dicho y que se volvió en una promesa de la que David se aferró con todas sus fuerzas. “Venga a mi tu misericordia, oh Jehová; tu salvación, conforme a tu dicho.” David pedía con todas sus fuerzas que la salvación de Dios llegara a su vida.
Y dice después algo impresionante; “Y daré por respuesta a mi avergonzador, que en tu palabra he confiado.” Él sabía que había un avergonzador sea humano o no que lo acechaba condenándolo, humillándolo, y tratando de sacar a la luz los errores graves de David. Donde lo único que quería ese personaje, era avergonzarlo. Creía tener la oportunidad para poder exponer públicamente los errores del rey David. Pero él confió en la Palabra de Dios y se aferró a ella. David no se escondió de sus errores ya aceptó la reprensión divina…pero también sabía que había un avergonzador que quería destruirlo. Podía identificar perfectamente la diferencia entre la reprensión amorosa de Dios cuyo fruto es el crecimiento y la humillación pública del avergonzador cuyo propósito no es otro que el de destruir. Y es allí donde David supo aferrarse a la Palabra de Dios y esperar la salvación y la misericordia divinas.
Creo que lo mismo podemos hacer nosotros, porque ninguno somos perfectos y sabemos que hay un avergonzador que quiere destruirnos, pero debemos estar seguro que hay un Dios que nos promete guardarnos y de allí no debemos movernos y debemos aferrarnos a esa promesa con todo el corazón.
Armando Carrasco Z.
lunes, 12 de mayo de 2008
Salmo 119 He (Parte 20)
“Quita de mi el oprobio que he temido, porque buenos son tus juicios. He aquí yo he anhelado tus mandamientos; vivifícame en tu justicia” Salmos 119: 39-40
Todos hemos pecado. No hay en la tierra nadie que nunca haya pecado. Todos hemos cometido faltas que traen consecuencias. Y cuando estamos concientes de eso sabemos que toda acción le corresponde una reacción, que todo lo que hacemos repercute en algo. Y por eso cuando la regamos estamos concientes de las repercusiones.
Una de esas repercusiones es el oprobio. Lo cual, según el diccionario, no es otra cosa que la vergüenza y deshonra pública que resulta de haber cometido algún dicho o hecho. David no se consideraba perfecto, él sabía que tenía acciones que seguramente traerían repercusiones. Pero no estaba pidiendo que dichas consecuencias no llegaran, sino lo que no quería era la deshonra pública. Era algo que él temía.
Dice que “…buenos son tus juicios…” David sabía que cuando la regaba pues tenía que venir la consecuencia…y afirma que esos juicios divinos son justos. Toda acción tiene una consecuencia. Si un padre de familia adultera puede tener un bebé fuera del matrimonio. Y con eso toda una serie de consecuencias que lejos de traerle alegría le traerán dolor y angustia. Incluyendo el oprobio.
David dimensionaba las cosas de esa manera sabia que no podía evitar las consecuencias, y tenía gran temor de la vergüenza pública. Él oraba para que no llegara el oprobio a su vida, pero también vemos en la Biblia que algunas veces en las que pecó, el oprobio fue evidente.
Esta parte del salmo nos muestra a David muy humano completamente transparente hablando con Dios de una manera franca y abierta, clamando a Dios por evitar el oprobio. Sin embargo sabiendo que los juicios de Dios son siempre justos.
Termina esta parte del salmo con una enseñanza tremenda, dice que los juicios de Dios no para castigar sino para traer vida. Dice “…vivifícame en tu justicia…” dentro de todo lo que David temía por el oprobio también sabía que la justicia de Dios le traía vida.
Esto no ha caducado. La justicia de Dios es la que nos trae vida. Y ahora más que nunca. Jesucristo, dice la Biblia, es nuestra justicia, el precio que pagó en la cruz hace que La justicia de Dios esté a nuestro favor. Dios está contigo y está por ti. Si Él está a favor tuyo…¿Quién contra ti?
Armando Carrasco Z.
Todos hemos pecado. No hay en la tierra nadie que nunca haya pecado. Todos hemos cometido faltas que traen consecuencias. Y cuando estamos concientes de eso sabemos que toda acción le corresponde una reacción, que todo lo que hacemos repercute en algo. Y por eso cuando la regamos estamos concientes de las repercusiones.
Una de esas repercusiones es el oprobio. Lo cual, según el diccionario, no es otra cosa que la vergüenza y deshonra pública que resulta de haber cometido algún dicho o hecho. David no se consideraba perfecto, él sabía que tenía acciones que seguramente traerían repercusiones. Pero no estaba pidiendo que dichas consecuencias no llegaran, sino lo que no quería era la deshonra pública. Era algo que él temía.
Dice que “…buenos son tus juicios…” David sabía que cuando la regaba pues tenía que venir la consecuencia…y afirma que esos juicios divinos son justos. Toda acción tiene una consecuencia. Si un padre de familia adultera puede tener un bebé fuera del matrimonio. Y con eso toda una serie de consecuencias que lejos de traerle alegría le traerán dolor y angustia. Incluyendo el oprobio.
David dimensionaba las cosas de esa manera sabia que no podía evitar las consecuencias, y tenía gran temor de la vergüenza pública. Él oraba para que no llegara el oprobio a su vida, pero también vemos en la Biblia que algunas veces en las que pecó, el oprobio fue evidente.
Esta parte del salmo nos muestra a David muy humano completamente transparente hablando con Dios de una manera franca y abierta, clamando a Dios por evitar el oprobio. Sin embargo sabiendo que los juicios de Dios son siempre justos.
Termina esta parte del salmo con una enseñanza tremenda, dice que los juicios de Dios no para castigar sino para traer vida. Dice “…vivifícame en tu justicia…” dentro de todo lo que David temía por el oprobio también sabía que la justicia de Dios le traía vida.
Esto no ha caducado. La justicia de Dios es la que nos trae vida. Y ahora más que nunca. Jesucristo, dice la Biblia, es nuestra justicia, el precio que pagó en la cruz hace que La justicia de Dios esté a nuestro favor. Dios está contigo y está por ti. Si Él está a favor tuyo…¿Quién contra ti?
Armando Carrasco Z.
sábado, 26 de abril de 2008
Salmo 119 He (Parte 19)
“Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; Avívame en tu camino. Confirma tu palabra a tu siervo, quien te teme” Salmos 119:37-38
Esta parte del salmo 119 en lo particular me gusta mucho. Porque se tocan dos puntos importantes; la vanidad y el temor de Dios.
Dice la primera parte; “Aparta mis ojos, que no vean la vanidad”. Empecemos por definir la vanidad, que según el diccionario de la real academia española es referente a vano que no es otra cosa que falta de realidad. En su tercer definición dice que vanidad es la caducidad de las cosas de este mundo.
La vanidad es una ilusión óptica, es ver las cosas de una manera distinta a la realidad. Es un espejismo. Y como todo espejismo cuando nuestros ojos ponen la mirada allí creemos que es verdad. Hay cosas que parecen que son la realidad pero realmente son ilusiones ópticas. Cuando basamos nuestra vida en estas ilusiones o espejismos todo se desmorona, simplemente porque no eran cosas ciertas ni realidades. Si pongo un ejemplo quedaría corto porque cada persona tiene sus propios espejismos, mientras que para unos el máximo ideal en la vida es tener dinero, para otros es tener salud. Pero ambos casos son espejismos. “si yo tengo dinero tengo todo” o “si yo tengo salud tengo todo” y vemos los casos de gente que tiene dinero pero es un desgraciado, o personas que tienen salud pero son mediocres.
La vanidad desvía tu mirada a objetos no reales que logran estorbarte para no alcanzar el destino que Dios tiene para ti. Por eso David le pedía a Dios “aparta mis ojos, que no vean la vanidad”. Porque él sabía lo mucho que podía afectarle estacionar la mirada en cosas vanas.
En toda la Biblia encontramos que Su palabra es eterna, firme y confiable. Es real. Allí es donde tenemos que poner nuestra mirada y nuestra atención, en algo seguro. En algo que no es afectado por el tiempo ni por los problemas, y eso sólo lo tiene Su palabra.
La segunda parte de este pasaje dice “confirma tu palabra a tu siervo, quien te teme” después de pedir que Dios lo ayude a no poner sus ojos en la vanidad, le pide que sea confirmado en Su palabra. Confirmar de acuerdo al diccionario es el grado de probabilidad de algo. Cuando la palabra de Dios es confirmada en tu vida tu puedes decir con toda seguridad, que es confiable, porque funciona. Es algo real y verídico.
Y David dice “quien te teme” casi todos hemos mal acostumbrado a nuestra mente a creer que Dios es un Dios enojón que está observando quién “peca” para castigarlo, pero no es así, Dios es un Dios de amor que lo que busca es demostrarte su gran amor por ti y por los tuyos. Repito Dios es un Dios de amor. Cuando habla aquí de temor se refiere a entender aunque sea un poquito a Dios y reconocerlo en toda su magnitud como Dios, y cómo aún con toda su grandeza y poder busca al hombre para perdonarlo y amarlo.
Armando Carrasco Z.
Esta parte del salmo 119 en lo particular me gusta mucho. Porque se tocan dos puntos importantes; la vanidad y el temor de Dios.
Dice la primera parte; “Aparta mis ojos, que no vean la vanidad”. Empecemos por definir la vanidad, que según el diccionario de la real academia española es referente a vano que no es otra cosa que falta de realidad. En su tercer definición dice que vanidad es la caducidad de las cosas de este mundo.
La vanidad es una ilusión óptica, es ver las cosas de una manera distinta a la realidad. Es un espejismo. Y como todo espejismo cuando nuestros ojos ponen la mirada allí creemos que es verdad. Hay cosas que parecen que son la realidad pero realmente son ilusiones ópticas. Cuando basamos nuestra vida en estas ilusiones o espejismos todo se desmorona, simplemente porque no eran cosas ciertas ni realidades. Si pongo un ejemplo quedaría corto porque cada persona tiene sus propios espejismos, mientras que para unos el máximo ideal en la vida es tener dinero, para otros es tener salud. Pero ambos casos son espejismos. “si yo tengo dinero tengo todo” o “si yo tengo salud tengo todo” y vemos los casos de gente que tiene dinero pero es un desgraciado, o personas que tienen salud pero son mediocres.
La vanidad desvía tu mirada a objetos no reales que logran estorbarte para no alcanzar el destino que Dios tiene para ti. Por eso David le pedía a Dios “aparta mis ojos, que no vean la vanidad”. Porque él sabía lo mucho que podía afectarle estacionar la mirada en cosas vanas.
En toda la Biblia encontramos que Su palabra es eterna, firme y confiable. Es real. Allí es donde tenemos que poner nuestra mirada y nuestra atención, en algo seguro. En algo que no es afectado por el tiempo ni por los problemas, y eso sólo lo tiene Su palabra.
La segunda parte de este pasaje dice “confirma tu palabra a tu siervo, quien te teme” después de pedir que Dios lo ayude a no poner sus ojos en la vanidad, le pide que sea confirmado en Su palabra. Confirmar de acuerdo al diccionario es el grado de probabilidad de algo. Cuando la palabra de Dios es confirmada en tu vida tu puedes decir con toda seguridad, que es confiable, porque funciona. Es algo real y verídico.
Y David dice “quien te teme” casi todos hemos mal acostumbrado a nuestra mente a creer que Dios es un Dios enojón que está observando quién “peca” para castigarlo, pero no es así, Dios es un Dios de amor que lo que busca es demostrarte su gran amor por ti y por los tuyos. Repito Dios es un Dios de amor. Cuando habla aquí de temor se refiere a entender aunque sea un poquito a Dios y reconocerlo en toda su magnitud como Dios, y cómo aún con toda su grandeza y poder busca al hombre para perdonarlo y amarlo.
Armando Carrasco Z.
sábado, 12 de abril de 2008
Salmo 119 He (Parte 18)
“Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi voluntad. Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia.”
Salmo 119 He 35-36
La palabra de Dios es un camino. Es una forma de conducirnos en la vida. La palabra de Dios no es un libro de frases bonitas o conmovedoras, es un camino preparado para la humanidad. Es un trayecto perfectamente trazado y delineado por Dios para que transitemos por él.
La razón por la que erramos tanto en la vida es por no entender que Dios preparó para nosotros una forma de vida. Él nos hizo, Él nos conoce y también Él nos muestra la forma correcta de conducirnos en esta vida.
Cuando ni siquiera conocemos el camino es fácil perdernos. Por eso debemos conocerla. Conocerla bien. Porque tenemos tantos prejuicios de ella que cuando la leemos creemos que es un libro de rituales y enseñanzas místicas acerca de cosas intangibles, sin embargo cuando realmente nos disponemos a estudiar la Biblia nos damos cuenta de los muchos consejos prácticos para nuestra vida.
El hombre ha progresado en tecnología desde que habita la tierra. Hay muchas cosas que han cambiado desde que el hombre es hombre. Pero una cosa sigue igual; su corazón. Los problemas son los mismos que hace miles de años; la soledad, el miedo, la inseguridad, etc. Y las respuestas a cada situación del hombre están escritas en Su palabra.
La tecnología hace más fácil y productiva la vida del hombre, la información hace más entendida a la humanidad, pero ninguna de las dos puede solucionar problemas de fondo de la naturaleza humana. Su Palabra sí. Es tecnología espiritual que tiene la capacidad de penetrar hasta lo más profundo del ser humano.
Sin embargo hay algo de suma importancia. Muchos pierden la esperanza porque no ven resultados cuando leen la Biblia. Notemos lo que dice: “…porque en ella tengo mi voluntad…” No se trata de sólo de leer la Biblia, si fuera sólo eso sería algo así como mágico y ya habríamos avanzado mucho socialmente hablando. Para ser trasformados por la Biblia es necesario que nuestra voluntad esté entregada. En otras palabras que queramos hacer lo que la Biblia dice.
Mucha gente no puede salir de sus problemas simplemente porque no quiere. Y ante eso no se puede hacer nada. Querer caminar por el trayecto de su palabra es la clave para poder ser transformado por ella. Por muchos años he visto que cuando un hombre no quiere accionar su voluntad es imposible que cambie. Querer es la clave del cambio. Tener la voluntad de obedecer Su palabra es el principio de la solución. Si no quieres no cambias, si quieres cambias.
Armando Carrasco Z
Salmo 119 He 35-36
La palabra de Dios es un camino. Es una forma de conducirnos en la vida. La palabra de Dios no es un libro de frases bonitas o conmovedoras, es un camino preparado para la humanidad. Es un trayecto perfectamente trazado y delineado por Dios para que transitemos por él.
La razón por la que erramos tanto en la vida es por no entender que Dios preparó para nosotros una forma de vida. Él nos hizo, Él nos conoce y también Él nos muestra la forma correcta de conducirnos en esta vida.
Cuando ni siquiera conocemos el camino es fácil perdernos. Por eso debemos conocerla. Conocerla bien. Porque tenemos tantos prejuicios de ella que cuando la leemos creemos que es un libro de rituales y enseñanzas místicas acerca de cosas intangibles, sin embargo cuando realmente nos disponemos a estudiar la Biblia nos damos cuenta de los muchos consejos prácticos para nuestra vida.
El hombre ha progresado en tecnología desde que habita la tierra. Hay muchas cosas que han cambiado desde que el hombre es hombre. Pero una cosa sigue igual; su corazón. Los problemas son los mismos que hace miles de años; la soledad, el miedo, la inseguridad, etc. Y las respuestas a cada situación del hombre están escritas en Su palabra.
La tecnología hace más fácil y productiva la vida del hombre, la información hace más entendida a la humanidad, pero ninguna de las dos puede solucionar problemas de fondo de la naturaleza humana. Su Palabra sí. Es tecnología espiritual que tiene la capacidad de penetrar hasta lo más profundo del ser humano.
Sin embargo hay algo de suma importancia. Muchos pierden la esperanza porque no ven resultados cuando leen la Biblia. Notemos lo que dice: “…porque en ella tengo mi voluntad…” No se trata de sólo de leer la Biblia, si fuera sólo eso sería algo así como mágico y ya habríamos avanzado mucho socialmente hablando. Para ser trasformados por la Biblia es necesario que nuestra voluntad esté entregada. En otras palabras que queramos hacer lo que la Biblia dice.
Mucha gente no puede salir de sus problemas simplemente porque no quiere. Y ante eso no se puede hacer nada. Querer caminar por el trayecto de su palabra es la clave para poder ser transformado por ella. Por muchos años he visto que cuando un hombre no quiere accionar su voluntad es imposible que cambie. Querer es la clave del cambio. Tener la voluntad de obedecer Su palabra es el principio de la solución. Si no quieres no cambias, si quieres cambias.
Armando Carrasco Z
sábado, 5 de abril de 2008
Salmo 119 He (Parte 17)
“Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin. Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón.”
Salmo 119:33-34
Qué fácil es seguir a Dios por las emociones. Cuando uno oye algo bonito de la Biblia, el corazón se emociona y hace promesas de “guardar” Su palabra, promesas basadas en las emociones pero cuando pasa el tiempo y los problemas diarios de la vida empiezan a agobiarnos poco a poco nos olvidamos de guardar Su palabra.
Antes de continuar aclaremos algo; muchos de nosotros cuando movidos por las emociones queremos guardar Su palabra lo hacemos por los grandes beneficios a los que accedemos, y cuando vemos que verdaderamente es difícil guardar el consejo de Dios, preferimos quedarnos en la zona donde hacemos todo a nuestra manera.
Hay muchas referencias bíblicas acerca de lo importante que es guardar Su palabra hasta el fin. Es a través de los problemas de la vida que conocemos la dimensión del poder de Dios. Cuando todo nos va bien es fácil “guardar” su Palabra, pero cuando todo lo tenemos en contra pareciera que hasta el mismo Dios está en nuestra contra.
En lo mas terrible de un problema puedes ser leal. En lo mas terrible de un problema puedes ser desleal. En lo mas terrible de un problema puedes decidir obedecer Su Palabra, En lo más terrible de un problema puedes decidir desobedecer Su Palabra.
Los problemas son la oportunidad que tenemos para cantarle a Dios con nuestras vidas que lo amamos y que lo obedecemos sin importar la situación por la que atravesamos. No seguimos a Dios sólo porque nos emocionamos, seguimos a Dios determinados a continuar hasta el fin de la carrera. No se trata de ver quién llega primero sino de quién llega a la meta.
Realmente me impresiona la cantidad de veces que hemos leído que dice en este salmo 119 “dame entendimiento” en este versículo otra vez lo recalca. Creo que algo importante Dios quiere decirnos. Debemos buscar el entender los caminos de Dios. Es posible, y debemos empezar por pedirlo. Así como David. Y por lo que veo debemos hacerlo con insistencia.
La parte final del versículo también es de llamar la atención, porque dice “…la guardaré de todo corazón…” Creo que muchos de nosotros guardamos Su palabra a medias sólo en lo que nos conviene. Sinceramente veo como un reto obedecer Su Palabra de todo corazón.
Armando Carrasco Z
Salmo 119:33-34
Qué fácil es seguir a Dios por las emociones. Cuando uno oye algo bonito de la Biblia, el corazón se emociona y hace promesas de “guardar” Su palabra, promesas basadas en las emociones pero cuando pasa el tiempo y los problemas diarios de la vida empiezan a agobiarnos poco a poco nos olvidamos de guardar Su palabra.
Antes de continuar aclaremos algo; muchos de nosotros cuando movidos por las emociones queremos guardar Su palabra lo hacemos por los grandes beneficios a los que accedemos, y cuando vemos que verdaderamente es difícil guardar el consejo de Dios, preferimos quedarnos en la zona donde hacemos todo a nuestra manera.
Hay muchas referencias bíblicas acerca de lo importante que es guardar Su palabra hasta el fin. Es a través de los problemas de la vida que conocemos la dimensión del poder de Dios. Cuando todo nos va bien es fácil “guardar” su Palabra, pero cuando todo lo tenemos en contra pareciera que hasta el mismo Dios está en nuestra contra.
En lo mas terrible de un problema puedes ser leal. En lo mas terrible de un problema puedes ser desleal. En lo mas terrible de un problema puedes decidir obedecer Su Palabra, En lo más terrible de un problema puedes decidir desobedecer Su Palabra.
Los problemas son la oportunidad que tenemos para cantarle a Dios con nuestras vidas que lo amamos y que lo obedecemos sin importar la situación por la que atravesamos. No seguimos a Dios sólo porque nos emocionamos, seguimos a Dios determinados a continuar hasta el fin de la carrera. No se trata de ver quién llega primero sino de quién llega a la meta.
Realmente me impresiona la cantidad de veces que hemos leído que dice en este salmo 119 “dame entendimiento” en este versículo otra vez lo recalca. Creo que algo importante Dios quiere decirnos. Debemos buscar el entender los caminos de Dios. Es posible, y debemos empezar por pedirlo. Así como David. Y por lo que veo debemos hacerlo con insistencia.
La parte final del versículo también es de llamar la atención, porque dice “…la guardaré de todo corazón…” Creo que muchos de nosotros guardamos Su palabra a medias sólo en lo que nos conviene. Sinceramente veo como un reto obedecer Su Palabra de todo corazón.
Armando Carrasco Z
sábado, 22 de marzo de 2008
Salmo 119 Dálet (Parte 16)
“Me he apegado a tus testimonios: Oh Dios, no me avergüences. Por el camino de tus mandamientos correré, cuando ensanches mi corazón.”
Salmo 119: 31-32
La palabra apegado tienes dos significados fuertes, la primera es que está directamente relacionado con la palabra “pegar”. Y la segunda es tener una afición o inclinación hacia alguien o algo.
Esto nos lleva a medir el peso de lo que David quiso decir en esta frase. Él quiso transmitir que su vida estaba pegada a la Palabra de Dios. Se aferró tanto a Su palabra que quedó pegado a ella. No podía separarse de La Palabra, donde quiera que fuere estaría ligado a la Biblia. Estaba pegado a ella. No podía hacer nada en lo cual la Palabra se despegara de su vida.
Por otro lado también podemos interpretar que la vida de David tenía la afición a la Palabra de Dios, si entendemos que afición literalmente quiere decir amor por alguien podemos entender que David estaba enamorado de la Palabra de Dios.
Por eso la siguiente frase del versículo que estudiamos: “No me avergüences” A cuántos nos ha pasado que la palabra de Dios se nos queda “pegada” a nuestras vidas, que una vez que la leemos y la entendemos ya no podemos quitarla de nuestras vidas y nos coloca en situaciones extraordinarias, porque antes hacíamos con nuestra vida como bien nos pareciera pero una vez que conocemos Su Palabra, entonces tratamos de ponerla por obra, y eso hace que los que nos conocen amigos, familiares, compañeros de escuela o de trabajo ahora ven en nosotros un comportamiento inusual. Y muchas veces somos criticados. A veces pareciera que somos avergonzados.
Y no me estoy refiriendo a actuaciones fanáticas religiosas, no, por favor no me refiero a eso, me refiero a situaciones de la vida diaria que cambian en nosotros por la simple razón de que ahora sabemos lo que Dios dice en su Palabra. Como ser honestos, ser agradecidos, ser leales, y un largo etcétera.
La otra parte de estos versículos podemos ver algo interesante: Dice David que cuando su corazón sea ensanchado entonces correrá por sus mandamientos. A veces cuando leemos la Palabra de Dios no entendemos nada de lo que leemos, y en otras ocasiones aunque la entendemos sentimos que no tenemos la capacidad de absorber lo que entendemos, es tanto que creemos que no podemos con todo lo que leemos.
Por eso dice David aquí, que su corazón sea agrandado para poder manifestar que ha entendido Su Palabra y pueda caminar por sus mandamientos.
Armando Carrasco Z.
Salmo 119: 31-32
La palabra apegado tienes dos significados fuertes, la primera es que está directamente relacionado con la palabra “pegar”. Y la segunda es tener una afición o inclinación hacia alguien o algo.
Esto nos lleva a medir el peso de lo que David quiso decir en esta frase. Él quiso transmitir que su vida estaba pegada a la Palabra de Dios. Se aferró tanto a Su palabra que quedó pegado a ella. No podía separarse de La Palabra, donde quiera que fuere estaría ligado a la Biblia. Estaba pegado a ella. No podía hacer nada en lo cual la Palabra se despegara de su vida.
Por otro lado también podemos interpretar que la vida de David tenía la afición a la Palabra de Dios, si entendemos que afición literalmente quiere decir amor por alguien podemos entender que David estaba enamorado de la Palabra de Dios.
Por eso la siguiente frase del versículo que estudiamos: “No me avergüences” A cuántos nos ha pasado que la palabra de Dios se nos queda “pegada” a nuestras vidas, que una vez que la leemos y la entendemos ya no podemos quitarla de nuestras vidas y nos coloca en situaciones extraordinarias, porque antes hacíamos con nuestra vida como bien nos pareciera pero una vez que conocemos Su Palabra, entonces tratamos de ponerla por obra, y eso hace que los que nos conocen amigos, familiares, compañeros de escuela o de trabajo ahora ven en nosotros un comportamiento inusual. Y muchas veces somos criticados. A veces pareciera que somos avergonzados.
Y no me estoy refiriendo a actuaciones fanáticas religiosas, no, por favor no me refiero a eso, me refiero a situaciones de la vida diaria que cambian en nosotros por la simple razón de que ahora sabemos lo que Dios dice en su Palabra. Como ser honestos, ser agradecidos, ser leales, y un largo etcétera.
La otra parte de estos versículos podemos ver algo interesante: Dice David que cuando su corazón sea ensanchado entonces correrá por sus mandamientos. A veces cuando leemos la Palabra de Dios no entendemos nada de lo que leemos, y en otras ocasiones aunque la entendemos sentimos que no tenemos la capacidad de absorber lo que entendemos, es tanto que creemos que no podemos con todo lo que leemos.
Por eso dice David aquí, que su corazón sea agrandado para poder manifestar que ha entendido Su Palabra y pueda caminar por sus mandamientos.
Armando Carrasco Z.
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