Estamos estudiando que cuando se mezcla La Palabra con Su Espíritu se produce una mezcla poderosa. Estamos estudiando el pasaje de David contra Goliat.
Para ver los alcances del poder que resulta de esta combinación el mejor ejemplo es Jesucristo. Dice la Biblia que él es el verbo de Dios hecho carne. En otra forma de decirlo es La Palabra vivificada, o la Palabra de Dios hecha hombre.
Ahora lo interesante está en que la Palabra por sí sola tuvo que ser vivificada por el Espíritu de Dios. Jesucristo no empezó su ministerio hasta que no fue lleno del Espíritu Santo. Vemos en Lucas 3:22 “y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma…” y en Lucas 4:14 “Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra alrededor.”
Jesucristo, la Palabra de Dios hecha carne fue envestida del poder del Espíritu Santo. La Palabra mezclada con el poder del Espíritu Santo. Todo lo que hizo Jesús en la tierra fue por esta mezcla poderosa. Él sabía que solo no podía lograr sus objetivos. Él sabía que necesitaba de un poder sobrenatural para vencer toda tentación, para cumplir con su propósito de anunciar el Reino y para soportar el camino de la cruz.
Los resultados que todos conocemos repercuten hasta el día de hoy, repercuten hasta la eternidad, el cambió tu eternidad por haber cumplido su propósito pero no lo hubiera logrado si no mezclaba su esencia con el Espíritu Santo.
En Lucas 4:18 y 19 dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.”
Este es un pasaje que resume todo lo que hizo en la tierra nuestro Señor, y nada de lo que dijo faltó, se cumplió todo. Era una labor titánica, pero cumplió al pie de la letra. Vino en el poder del Espíritu Santo. Se mezcló La Palabra de Dios con su Espíritu y ¡Bum! Cambió la eternidad del hombre.
El destino del hombre dio un giro de 180 grados. Adán perdió el rumbo, Jesucristo (El segundo Adán, lo llama la Biblia) retomó el curso del destino del hombre; restauró la relación del hombre con su creador y le devolvió las llaves del reino que había perdido.
Eso, eso solo se pudo lograr mezclando La Palabra con Su Espíritu.
Armando Carrasco Z.
lunes 1 de febrero de 2010
martes 26 de enero de 2010
Palabra y Espíritu. La mezcla mas poderosa sobre la tierra. III
Vamos a ver un detalle que vale la pena estudiar de este pasaje que estamos analizando de David contra Goliat.
“David le respondió:—A mí me toca cuidar el rebaño de mi padre. Cuando un león o un oso viene y se lleva una oveja del rebaño, yo lo persigo y lo golpeo hasta que suelta la presa. Y si el animal me ataca, lo sigo golpeando hasta matarlo. Si este siervo de Su Majestad ha matado leones y osos, lo mismo puede hacer con ese filisteo pagano, porque está desafiando al ejército del Dios viviente. El Señor, que me libró de las garras del león y del oso, también me librará del poder de ese filisteo. —Anda, pues —dijo Saúl—, y que el Señor te acompañe.” 1 Samuel 17:34-37
Dios no te va a poner un gigante que no puedas vencer. Cada vez que tengas un enemigo enfrente de ti debes recordar esto. Es importante porque muchas veces cuando llega el gigante a nuestras vidas lo olvidamos y empezamos a temerle a un enemigo ya derrotado.
En este pasaje vemos que David antes de pelear contra su gigante, peleó contra un león y contra un oso. Y en ambos casos ganó la batalla. Dios lo entrenó y lo preparó para cuando llegara el día de su gigante. Así también nosotros, Dios nos va preparando para enfrentar gigantes; primero nos pone leones, luego osos y después los gigantes. Él nos va entrenando y sabe qué enemigos ponernos. Y repito nunca te va a poner un enemigo que no puedas vencer.
Así que si lo que tienes frente a ti es un gigante, no temas. Eso quiere decir que ya estás listo para enfrentarlo. No veas al gigante frente a ti, ve a Dios detrás de ti. El gigante está vencido de antemano porque Dios no te va a poner un gigante que no puedas vencer.
Dice en Deut. 20:1-4 “Cuando salgas a pelear contra tus enemigos y veas un ejército superior al tuyo, con muchos caballos y carros de guerra, no les temas, porque el Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, estará contigo”
Este pasaje me carga de baterías cada vez que tengo frente a mi una situación difícil, cada vez que tengo un gigante. Y trato de memorizarlo porque me llega una paz que no se puede definir con palabras. Sí, tal vez tu enemigo sea más grande y poderoso que tú, eso es cierto, pero las palabras de Papá son poderosas… “No temas que yo estoy contigo”.
El gigante va a querer asustarte con palabras amenazadoras, no le hagas caso, hazle caso a las palabras que en ese momento te de Dios para enfrentar la batalla. A Él sí debes escucharlo.
Armando Carrasco Z.
“David le respondió:—A mí me toca cuidar el rebaño de mi padre. Cuando un león o un oso viene y se lleva una oveja del rebaño, yo lo persigo y lo golpeo hasta que suelta la presa. Y si el animal me ataca, lo sigo golpeando hasta matarlo. Si este siervo de Su Majestad ha matado leones y osos, lo mismo puede hacer con ese filisteo pagano, porque está desafiando al ejército del Dios viviente. El Señor, que me libró de las garras del león y del oso, también me librará del poder de ese filisteo. —Anda, pues —dijo Saúl—, y que el Señor te acompañe.” 1 Samuel 17:34-37
Dios no te va a poner un gigante que no puedas vencer. Cada vez que tengas un enemigo enfrente de ti debes recordar esto. Es importante porque muchas veces cuando llega el gigante a nuestras vidas lo olvidamos y empezamos a temerle a un enemigo ya derrotado.
En este pasaje vemos que David antes de pelear contra su gigante, peleó contra un león y contra un oso. Y en ambos casos ganó la batalla. Dios lo entrenó y lo preparó para cuando llegara el día de su gigante. Así también nosotros, Dios nos va preparando para enfrentar gigantes; primero nos pone leones, luego osos y después los gigantes. Él nos va entrenando y sabe qué enemigos ponernos. Y repito nunca te va a poner un enemigo que no puedas vencer.
Así que si lo que tienes frente a ti es un gigante, no temas. Eso quiere decir que ya estás listo para enfrentarlo. No veas al gigante frente a ti, ve a Dios detrás de ti. El gigante está vencido de antemano porque Dios no te va a poner un gigante que no puedas vencer.
Dice en Deut. 20:1-4 “Cuando salgas a pelear contra tus enemigos y veas un ejército superior al tuyo, con muchos caballos y carros de guerra, no les temas, porque el Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, estará contigo”
Este pasaje me carga de baterías cada vez que tengo frente a mi una situación difícil, cada vez que tengo un gigante. Y trato de memorizarlo porque me llega una paz que no se puede definir con palabras. Sí, tal vez tu enemigo sea más grande y poderoso que tú, eso es cierto, pero las palabras de Papá son poderosas… “No temas que yo estoy contigo”.
El gigante va a querer asustarte con palabras amenazadoras, no le hagas caso, hazle caso a las palabras que en ese momento te de Dios para enfrentar la batalla. A Él sí debes escucharlo.
Armando Carrasco Z.
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miércoles 20 de enero de 2010
Palabra y Espíritu. La mezcla más poderosa sobre la Tierra. III
Si ya vimos el poder que tiene la mezcla de Su Palabra con Su Espíritu veamos a qué grado de poder se llega con esta combinación.
Dice la Biblia que Jesucristo es la Palabra de Dios hecha carne. “…y aquél verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…” Juan 1:14 Jesucristo es el Verbo de Dios, es Su Palabra. Estuvo treinta años en la tierra y empezó su ministerio cuando fue ungido por el Espíritu Santo. Se mezcló La Palabra con el Espíritu Santo y el resultado fue explosivo, repercutió eternamente.
Hoy conocemos el camino al Padre, hoy hay un camino de reconciliación con Dios que Jesucristo preparó para nosotros. Todo por la mezcla poderosa de Su Palabra con Su Espíritu.
“Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.” Mateo 3:16
Lo que vimos en 1 Samuel 17:40 de las piedras lisas del arroyo es un pasaje profético que apunta al Salvador. A Jesús La Palabra de Dios hecha carne ungida por el Espíritu Santo. David derribó al gigante que tenía atemorizados a todos los judíos. Cristo derribó a satanás, Jesús fue ungido con el Espíritu y pudo lograr su propósito.
Hay algo poderoso cuando mezclamos la Palabra de Dios con Su Espíritu. Inténtalo, haz la prueba, ten fe y busca versículos específicos para enfrentar la situación que estás pasando, y busca que esos versículos sean ungidos por el Espíritu Santo.
Por ejemplo, ahora que estamos viviendo una situación mundial de escasez económica busca versículos en los cuales edifiques tu fe y los uses cuando venga el enemigo a robar tu paz y tu dinero. Hay un versículo que ha sido mi “piedra lisa del arroyo” el salmo 37:19 que dice en la nueva versión internacional: “En tiempos difíciles me hará prosperar”. Y en ese pasaje estoy basando mi oración diaria, le pido al Espíritu Santo que la "alise" y que me sirva para derrotar al gigante de la crisis económica mundial que tiene asustados a todos.
Así para cada situación que pases recuerda que aún Jesús (La Palabra) fue ungido por el Espíritu Santo y esa mezcla es lo que produjo el cumplimiento del plan de Dios para la redención del hombre. Y ya conocemos los resultados.
Si David pudo vencer a su Gigante con “piedras lisas del arroyo” tú también puedes vencer a tu gigante. Con Palabra y Espíritu.
Armando Carrasco Z.
Dice la Biblia que Jesucristo es la Palabra de Dios hecha carne. “…y aquél verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…” Juan 1:14 Jesucristo es el Verbo de Dios, es Su Palabra. Estuvo treinta años en la tierra y empezó su ministerio cuando fue ungido por el Espíritu Santo. Se mezcló La Palabra con el Espíritu Santo y el resultado fue explosivo, repercutió eternamente.
Hoy conocemos el camino al Padre, hoy hay un camino de reconciliación con Dios que Jesucristo preparó para nosotros. Todo por la mezcla poderosa de Su Palabra con Su Espíritu.
“Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.” Mateo 3:16
Lo que vimos en 1 Samuel 17:40 de las piedras lisas del arroyo es un pasaje profético que apunta al Salvador. A Jesús La Palabra de Dios hecha carne ungida por el Espíritu Santo. David derribó al gigante que tenía atemorizados a todos los judíos. Cristo derribó a satanás, Jesús fue ungido con el Espíritu y pudo lograr su propósito.
Hay algo poderoso cuando mezclamos la Palabra de Dios con Su Espíritu. Inténtalo, haz la prueba, ten fe y busca versículos específicos para enfrentar la situación que estás pasando, y busca que esos versículos sean ungidos por el Espíritu Santo.
Por ejemplo, ahora que estamos viviendo una situación mundial de escasez económica busca versículos en los cuales edifiques tu fe y los uses cuando venga el enemigo a robar tu paz y tu dinero. Hay un versículo que ha sido mi “piedra lisa del arroyo” el salmo 37:19 que dice en la nueva versión internacional: “En tiempos difíciles me hará prosperar”. Y en ese pasaje estoy basando mi oración diaria, le pido al Espíritu Santo que la "alise" y que me sirva para derrotar al gigante de la crisis económica mundial que tiene asustados a todos.
Así para cada situación que pases recuerda que aún Jesús (La Palabra) fue ungido por el Espíritu Santo y esa mezcla es lo que produjo el cumplimiento del plan de Dios para la redención del hombre. Y ya conocemos los resultados.
Si David pudo vencer a su Gigante con “piedras lisas del arroyo” tú también puedes vencer a tu gigante. Con Palabra y Espíritu.
Armando Carrasco Z.
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miércoles 13 de enero de 2010
Palabra y Espíritu. La mezcla más poderosa sobre la Tierra. II
Estamos estudiando el pasaje de David y Goliat. En esta ocasión repararemos en el siguiente pasaje que se da inmediatamente después de que David se quita la armadura de Saúl.
“…y David echó de sí aquellas cosas. Y tomó su cayado en su mano, y recogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo.” 1 Samuel 17:39-40
David decidió ir a pelear contra el gigante con herramientas que él estaba acostumbrado o entrenado a usar. Pongamos atención en la honda. Que necesita piedras para lanzarlas. Y que fue precisamente lo que hizo David.
Fue al río y busco cinco piedras lisas.
La Palabra de Dios es mencionada en la Biblia como la Roca. Por lo que podemos interpretar que esas cinco piedras que usó David son pequeños extractos de Su Palabra. Son versículos bíblicos, son pasajes, son porciones de la Biblia.
Ahora nuestros gigantes no son de carne y hueso, ahora nuestros gigantes son temores, enfermedades, problemas, deudas, adicciones, y largo etcétera. Ahora estos gigantes no son derrotados con piedras físicas, estos enemigos nuestros necesitan otra cosa, y la Biblia nos enseña que Su Palabra es una excelente arma.
Cuando tengas un Gigante pídele al Espíritu Santo que te de Palabra específica para vencer a tu gigante, que te de versículos o pasajes bíblicos bien concretos para tu guerra.
Es de notar que fueros “…cinco piedras lisas del arroyo…” las piedras que tomó David fueron escogidas y seleccionadas. Pero no sólo eso estas piedras eran lisas, de aquellas que por tanto pasar el agua sobre ellas quedaron así de lisas.
En la Biblia podemos ver el mover del Espíritu Santo como un río. Y allí empieza la mezcla poderosa. La Palabra ungida por el Espíritu Santo.
Cuando vayas a enfrentarte con tu gigante, busca versículos ungidos por el Espíritu Santo. Allí hay poder. Allí está la victoria. Es una palabra específica para tu gigante específico. Y busca por todos los medios bíblicos que esa palabra sea vivificada por el Espíritu Santo.
Aprender a usar Su Palabra ungida es un reto para todos nosotros, pero es algo en lo que debemos entrenarnos, porque después de todo… todos enfrentamos algún día a un gigante.
Armando Carrasco Z.
“…y David echó de sí aquellas cosas. Y tomó su cayado en su mano, y recogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo.” 1 Samuel 17:39-40
David decidió ir a pelear contra el gigante con herramientas que él estaba acostumbrado o entrenado a usar. Pongamos atención en la honda. Que necesita piedras para lanzarlas. Y que fue precisamente lo que hizo David.
Fue al río y busco cinco piedras lisas.
La Palabra de Dios es mencionada en la Biblia como la Roca. Por lo que podemos interpretar que esas cinco piedras que usó David son pequeños extractos de Su Palabra. Son versículos bíblicos, son pasajes, son porciones de la Biblia.
Ahora nuestros gigantes no son de carne y hueso, ahora nuestros gigantes son temores, enfermedades, problemas, deudas, adicciones, y largo etcétera. Ahora estos gigantes no son derrotados con piedras físicas, estos enemigos nuestros necesitan otra cosa, y la Biblia nos enseña que Su Palabra es una excelente arma.
Cuando tengas un Gigante pídele al Espíritu Santo que te de Palabra específica para vencer a tu gigante, que te de versículos o pasajes bíblicos bien concretos para tu guerra.
Es de notar que fueros “…cinco piedras lisas del arroyo…” las piedras que tomó David fueron escogidas y seleccionadas. Pero no sólo eso estas piedras eran lisas, de aquellas que por tanto pasar el agua sobre ellas quedaron así de lisas.
En la Biblia podemos ver el mover del Espíritu Santo como un río. Y allí empieza la mezcla poderosa. La Palabra ungida por el Espíritu Santo.
Cuando vayas a enfrentarte con tu gigante, busca versículos ungidos por el Espíritu Santo. Allí hay poder. Allí está la victoria. Es una palabra específica para tu gigante específico. Y busca por todos los medios bíblicos que esa palabra sea vivificada por el Espíritu Santo.
Aprender a usar Su Palabra ungida es un reto para todos nosotros, pero es algo en lo que debemos entrenarnos, porque después de todo… todos enfrentamos algún día a un gigante.
Armando Carrasco Z.
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lunes 4 de enero de 2010
Palabra y Espíritu. La mezcla más poderosa sobre la Tierra. (Parte 1)
No hay en la Tierra algo tan poderoso como la mezcla de La Palabra de Dios con su Santo Espíritu. Vamos a empezar este pequeño estudio analizando el famoso pasaje de David y Goliat.
Antecedentes.
La Biblia narra que en una ocasión en que peleaba el pueblo de Israel contra los filisteos sus acérrimos enemigos de toda la vida, que en una ocasión de tantas que se enfrentaron, apareció un Gigante llamado Goliat que retaba todos los días al pueblo hebreo a pelear con él. Los retaba diciendo que mandaran a un soldado que peleara contra él, y el que ganara ganaba la batalla.
El pueblo judío se atemorizó cuando oyó este reto. Pero en uno de esos días David que les llevaba comida a sus hermanos, oyó lo que decía el Gigante y se enojó de que nadie se atreviera a pelear y pidió pelear contra Goliat. Se cree que David tendría entre 15 y 17 años. Imagínate la escena.
Suceden varias cosas importantes en esos momentos pero vamos a enfocar nuestro estudio a lo que nos interesa en este momento.
Dice la Biblia que cuando el rey Saúl cuando se enteró de que había alguien que iba a pelear contra Goliat, le puso su armadura (1 Samuel 17:38 y 39). Pero obviamente no le quedaba a David y no la aceptó. Entonces dice la Biblia: 1 Samuel 17:40
“y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo.”
David no peleó con una armadura ajena. David peleó con aquello que dominaba, con aquello con lo que había sido entrenado. David sabía que si peleaba con una armadura ajena perdería la pelea, y decidió combatir contra Goliat con aquellas armas que él conocía.
La misma Biblia narra que David antes de pelear contra el gigante, peleó y venció un león y un oso (1 Samuel 17:37). Ya tenía experiencia en el combate. Ya sabía cómo ganar y estaba confiado en las armas que antes ya le habían dado la victoria.
Cuando tengas frente a ti un gigante, lo primero que tienes que hacer es rechazar la tentación de que usar armaduras que no son tuyas. Toda la vida cristiana basada en Biblia es algo personal. Lo que le sirvió a otro no te sirve a ti. Por eso es que los rezos repetitivos no funcionan. No se trata de fórmulas universales que sirven para todos.
Es algo personal. Dios te entrena de manera personal es tu coach particular. Te va enseñando y adiestrando en Su Palabra de manera personal. La relación con Dios es personal.
En toda pelea contra cualquier enemigo, hay armas que son sólo tuyas. Lo primero que debes hacer es identificar cuáles son esas armas.
Continuará…
Armando Carrasco Z.
Antecedentes.
La Biblia narra que en una ocasión en que peleaba el pueblo de Israel contra los filisteos sus acérrimos enemigos de toda la vida, que en una ocasión de tantas que se enfrentaron, apareció un Gigante llamado Goliat que retaba todos los días al pueblo hebreo a pelear con él. Los retaba diciendo que mandaran a un soldado que peleara contra él, y el que ganara ganaba la batalla.
El pueblo judío se atemorizó cuando oyó este reto. Pero en uno de esos días David que les llevaba comida a sus hermanos, oyó lo que decía el Gigante y se enojó de que nadie se atreviera a pelear y pidió pelear contra Goliat. Se cree que David tendría entre 15 y 17 años. Imagínate la escena.
Suceden varias cosas importantes en esos momentos pero vamos a enfocar nuestro estudio a lo que nos interesa en este momento.
Dice la Biblia que cuando el rey Saúl cuando se enteró de que había alguien que iba a pelear contra Goliat, le puso su armadura (1 Samuel 17:38 y 39). Pero obviamente no le quedaba a David y no la aceptó. Entonces dice la Biblia: 1 Samuel 17:40
“y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo.”
David no peleó con una armadura ajena. David peleó con aquello que dominaba, con aquello con lo que había sido entrenado. David sabía que si peleaba con una armadura ajena perdería la pelea, y decidió combatir contra Goliat con aquellas armas que él conocía.
La misma Biblia narra que David antes de pelear contra el gigante, peleó y venció un león y un oso (1 Samuel 17:37). Ya tenía experiencia en el combate. Ya sabía cómo ganar y estaba confiado en las armas que antes ya le habían dado la victoria.
Cuando tengas frente a ti un gigante, lo primero que tienes que hacer es rechazar la tentación de que usar armaduras que no son tuyas. Toda la vida cristiana basada en Biblia es algo personal. Lo que le sirvió a otro no te sirve a ti. Por eso es que los rezos repetitivos no funcionan. No se trata de fórmulas universales que sirven para todos.
Es algo personal. Dios te entrena de manera personal es tu coach particular. Te va enseñando y adiestrando en Su Palabra de manera personal. La relación con Dios es personal.
En toda pelea contra cualquier enemigo, hay armas que son sólo tuyas. Lo primero que debes hacer es identificar cuáles son esas armas.
Continuará…
Armando Carrasco Z.
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jueves 31 de diciembre de 2009
Salmos 119 Tau (Parte 89, final)
“Viva mi alma y te alabe, y tus juicios me ayuden. Yo anduve errante como oveja extraviada; busca a tu siervo, porque no me he olvidado de tus mandamientos.” Salmos 119:175-176
No hay nada mas bonito que ser buscado por Dios. No lo puede comprender el razonamiento humano, la mente no es capaz de comprender porqué El creador de todo el universo puede dedicar su tiempo a buscarnos.
Una sola es la razón; el amor.
Creo que todos en la vida nos hemos extraviado, hemos perdido el rumbo, cuando nos damos cuenta ya no sabemos dónde estamos. En esos momentos la brújula de la vida deja de funcionar y nuestra única ayuda es Dios. Él puede regresarnos al buen camino.
Creo que estas fechas de fin de año son excelentes para recapacitar y preguntarnos dónde hemos perdido el camino, en qué áreas de nuestra vida vagamos sin rumbo. Hacer un alto y pedirle a Dios que nos ayude.
La rutina diaria, las desilusiones de la vida hacen que caminemos perdidos sin rumbo, rumbo que perdimos poco a poco, alejándonos poco a poco de nuestros sueños y metas. A veces no vivimos, sino mas bien sobrevivimos y otros, simplemente van caminando sin rumbo al ritmo de la vida, en otras palabras se les va la vida sin avanzar.
Dios tiene el poder de rescatar nuestras vidas desde el lugar donde estemos y en la edad que tengamos, para Él no es problema. El problema sigue siendo el mismo que comenté al principio; no le creemos. Él quiere lo mejor para ti, lo mejor para tu familia. Sólo te pide que le creas.
Aprovecha estas fechas, de verdad, para meditar bien en tus caminos, y pedirle ayuda y cuando llegue del cielo la respuesta, lo único que tienes que hacer es creerle.
Armando Carrasco Zamora.
No hay nada mas bonito que ser buscado por Dios. No lo puede comprender el razonamiento humano, la mente no es capaz de comprender porqué El creador de todo el universo puede dedicar su tiempo a buscarnos.
Una sola es la razón; el amor.
Creo que todos en la vida nos hemos extraviado, hemos perdido el rumbo, cuando nos damos cuenta ya no sabemos dónde estamos. En esos momentos la brújula de la vida deja de funcionar y nuestra única ayuda es Dios. Él puede regresarnos al buen camino.
Creo que estas fechas de fin de año son excelentes para recapacitar y preguntarnos dónde hemos perdido el camino, en qué áreas de nuestra vida vagamos sin rumbo. Hacer un alto y pedirle a Dios que nos ayude.
La rutina diaria, las desilusiones de la vida hacen que caminemos perdidos sin rumbo, rumbo que perdimos poco a poco, alejándonos poco a poco de nuestros sueños y metas. A veces no vivimos, sino mas bien sobrevivimos y otros, simplemente van caminando sin rumbo al ritmo de la vida, en otras palabras se les va la vida sin avanzar.
Dios tiene el poder de rescatar nuestras vidas desde el lugar donde estemos y en la edad que tengamos, para Él no es problema. El problema sigue siendo el mismo que comenté al principio; no le creemos. Él quiere lo mejor para ti, lo mejor para tu familia. Sólo te pide que le creas.
Aprovecha estas fechas, de verdad, para meditar bien en tus caminos, y pedirle ayuda y cuando llegue del cielo la respuesta, lo único que tienes que hacer es creerle.
Armando Carrasco Zamora.
lunes 28 de diciembre de 2009
Salmos 119 Tau (parte 88)
“Esté tu mano pronta para socorrerme, porque tus mandamientos he escogido. He deseado tu salvación, oh Señor, y tu ley es mi delicia.” Salmos 119:173-174
Pareciera obvio decir que un día todos piden la ayuda de Dios, pero no es así. Hay quienes no quieren que Dios los salve. He encontrado dos patrones de conducta seguramente hay más pero yo he visto dos muy tangibles.
Una de ellas es cuando la persona es demasiado rebelde y abiertamente se rehusa aceptar toda ayuda divina, son personas que por alguna razón su corazón se ha endurecido a tal manera que se dicen estar enojados con Dios y no se imaginan pidiéndole ayuda.
Pero también hay otros que se sienten autosuficientes y piensan que Dios no puede involucrarse en sus vidas, creen que Dios si existe pero que está demasiado ocupado en sus asuntos. Creen que pueden encontrar solución en sus propias fuerzas. Es una soberbia de sentirse tan fuerte que no necesita la ayuda de Dios.
Analizamos estos dos casos por la parte final del pasaje que estamos estudiando, que dice “he deseado tu salvación…” parece obvio que todos quisiéramos la salvación de Dios pero no es así.
Y lo comento por lo siguiente, a veces pedimos que Dios nos salve de alguna enfermedad, de algún problema económico, familiar, sin embargo la mayor salvación es la de nuestras almas, todos necesitamos un Salvador.
Esto debería ser universal, el que todos los hombres reconozcan la necesidad de que sus almas sean salvadas, sin embargo aquí también hay personas que no quieren la salvación que Dios proveyó para el hombre, piensan que ellos mismo se van a salvar, que con sus buenas obras pueden llegar al cielo.
La Biblia dice otra cosa, en ella aprendemos que la única forma de llegar a Dios es a través de Él mismo. No hay un camino que el hombre pueda fabricar para alcanzarlo, no hay una forma de invención humana para vivir al lado de Dios por la eternidad.
Jesucristo fue muy claro, Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida y nadie viene al Padre sino por mí”. No dijo que Él era uno de los caminos, ni una de las verdades, sino que dijo qué Él es el camino, que Él es la verdad. Hay un solo camino. Ese es el único camino.
Si de corazón sincero lo reconoces basta con que se lo digas, que has creído en Él y en Su Palabra. Eso es todo lo que pide, desea como el salmista la Salvación de Dios.
Armando Carrasco Z.
Pareciera obvio decir que un día todos piden la ayuda de Dios, pero no es así. Hay quienes no quieren que Dios los salve. He encontrado dos patrones de conducta seguramente hay más pero yo he visto dos muy tangibles.
Una de ellas es cuando la persona es demasiado rebelde y abiertamente se rehusa aceptar toda ayuda divina, son personas que por alguna razón su corazón se ha endurecido a tal manera que se dicen estar enojados con Dios y no se imaginan pidiéndole ayuda.
Pero también hay otros que se sienten autosuficientes y piensan que Dios no puede involucrarse en sus vidas, creen que Dios si existe pero que está demasiado ocupado en sus asuntos. Creen que pueden encontrar solución en sus propias fuerzas. Es una soberbia de sentirse tan fuerte que no necesita la ayuda de Dios.
Analizamos estos dos casos por la parte final del pasaje que estamos estudiando, que dice “he deseado tu salvación…” parece obvio que todos quisiéramos la salvación de Dios pero no es así.
Y lo comento por lo siguiente, a veces pedimos que Dios nos salve de alguna enfermedad, de algún problema económico, familiar, sin embargo la mayor salvación es la de nuestras almas, todos necesitamos un Salvador.
Esto debería ser universal, el que todos los hombres reconozcan la necesidad de que sus almas sean salvadas, sin embargo aquí también hay personas que no quieren la salvación que Dios proveyó para el hombre, piensan que ellos mismo se van a salvar, que con sus buenas obras pueden llegar al cielo.
La Biblia dice otra cosa, en ella aprendemos que la única forma de llegar a Dios es a través de Él mismo. No hay un camino que el hombre pueda fabricar para alcanzarlo, no hay una forma de invención humana para vivir al lado de Dios por la eternidad.
Jesucristo fue muy claro, Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida y nadie viene al Padre sino por mí”. No dijo que Él era uno de los caminos, ni una de las verdades, sino que dijo qué Él es el camino, que Él es la verdad. Hay un solo camino. Ese es el único camino.
Si de corazón sincero lo reconoces basta con que se lo digas, que has creído en Él y en Su Palabra. Eso es todo lo que pide, desea como el salmista la Salvación de Dios.
Armando Carrasco Z.
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